Todo empezó desde antes que entrara en este mundo cuando
tenía nueve años, en ese tiempo estaba tomando un medicamento para la epilepsia
el cual tenía como efecto secundario el subir de peso y mientras tomé ese
medicamento siempre fui más gorda de lo que debía ser, nunca me molestaron por
eso pero yo no estaba a gusto conmigo misma y odiaba mi cuerpo, aun así no fui
capaz de dejar de TRAGAR en ese entonces si no hasta que entre a la secundaria
y me hice de una amiga que no era la mejor influencia del mundo pero era mi
mejor compañía.
Mi amiga de la secundaria y yo inconscientemente competíamos por quien era la
más bella y en esa belleza el peso estaba incluido, mi cuerpo todavía no se
desarrollaba por completo, de hecho creo que aún no lo hace pero esa es otra
historia. Como mi cuerpo no se desarrollaba bien y mi estatura era muy baja me
veía como una vaca obesa así que primero decidí dejar de comer y luego hacer
ejercicio excesivamente. Comía lo menos posible, pero nunca ayunaba por que no
era tan astuta como las princesas de ahora y mis padres me obligaban a comer.
Aun así a veces no podía con el hambre y me daba esos malditos atracones
curiosamente en compañía de aquella amiga. Así continúe durante aproximadamente
un año.
Muchas cosas que la verdad ahora no recuerdo con claridad
fueron pasando y yo me fui olvidando de Ana poco a poco. Hasta que una vez sin
mas ni mas recaí la verdad creo que fue por un chico pero no estoy segura. Mi
recaída fue rara empecé a controlarme con las comidas y a dejar de cenar,
tratando de hacer el mayor tiempo posible de ejercicio. Yo veía los resultados
en mi uniforme secundaríano y creía
no estar gorda pero si “llenita” así que quería bajar esa grasa demás, cuando
mi mamá no se daba cuenta yo entraba a su habitación y tomaba una pasta de
tamarindo y ciruelapasa junto con otras cosas que eran para la digestión, lo
hacía con el afán de laxarme pero como las chicas pro Ana que estén leyendo
esto se imaginaran, eso no funcionó de nada. Un día en mi desesperación decidí
tratar de vomitar y al ver como se devolvía la comida y escuchar el ruido que
hacia me llene de miedo y asco. Así que no lo volví a hacer, en lugar de eso
iba a bailar y corría un poco, trataba de no cenar o solo cenaba una ciruela.
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